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Historia

Alejandro Valiente Lourtau

La historia de Cañaveral -como la de tantos otros lugares de la geografía española, aunque afortunadamente cada vez menos- duerme un largo sueño de siglos en los centenares de legajos que cobijan los fondos documentales de varios archivos repartidos por el territorio nacional que, por qué no decirlo, en su mayor permanecen ignorados, a la espera de investigadores que indaguen entre los datos manuscritos en sus añosos folios. Valgan, como ejemplo de lo fructífera que puede llegar a ser esa labor, las pocas horas que hace poco pase hojeando algunos de los libros de Protocolos Notariales de Cañaveral del siglo XVIII conservados en el Archivo Histórico Provincial de Cáceres. Fue una lectura somera y muy rápida, pero que dio como fruto una serie de nombres que permiten conocer algunos de los cambios sufridos en el urbanismo y en la toponimia cañaveraliegos de esa centuria. Sin duda, un análisis más detallado y un estudio temporal más ambicioso arrojarían nuevos datos que permitirían seguir el desarrollo urbano de Cañaveral a partir del XVII, siglo en el que están fechados los libros de protocolos notariales más antiguos que se conservan de nuestro pueblo. Sigue leyendo

Alejandro Valiente Lourtau

Debía ser muy pequeño cuando supe de la existencia del pozo de la Bóveda e, igualmente, se remonta a los días de mi infancia la primera ocasión en la que contemplé esa obra hidráulica cañaveraliega, es posible que hasta con el detalle misterioso de la cabeza de alguna culebrilla surcando sus oscuras aguas. El tamaño de la boca del pozo debió impresionarme entonces y supongo que sentiría un cierto temor al aproximarse a su borde para observar de cerca el interior. Andando el tiempo han sido muchas las ocasiones en que me he detenido junto a los montones de tierra que lo circundan simplemente por contemplarlo una vez más. Cómo aficionado a la toponimia siempre existía una pregunta que me rondaba la cabeza en esas visitas improvisadas: ¿por qué se le denomina pozo de la Bóveda, ya que se encuentra al aire libre y ninguna bóveda lo cubre? Es posible que algún cañaveraliego más ducho que yo en el significado de los nombres de los distintos parajes y accidentes geográficos de los alrededores de nuestro pueblo tuviera respuesta para esa pregunta, pero por lo que a mi respecta, la que puede ser la razón de tal denominación, me la ha facilitado, el último fin de semana de agosto, Fermín Serrano Lucas. Sigue leyendo

Por Thales Hernández :

Hoy os relataré la historia del asesinato del prestamista. Se trata de una historia real, suavemente dramatizada para hacerla más legible. Los nombres no coinciden con los reales y no se dan apellidos, por dos razones, por desconocimiento de los mismos y por respeto a los familiares, si los hubiere.

Nos encontramos en los últimos años del S XIX, Germán es un prestamista que pone a disposición de muchos ciudadanos del pueblo sus ahorros, eso sí, a cambio de un porcentaje del préstamo. Hay quien considera ese oficio necesario, hay quien lo considera usura, pero en cualquier caso, no es obligatorio para nadie, acudir a sus servicios.

Germán presta dinero, pero fundamentalmente presta grano, con ese grano los hombres del pueblo pueden sembrar y devolver a Germán algo más que el grano prestado. El negocio no marcha mal para Germán, pero siempre tiene que asumir un riesgo, el riesgo de la morosidad.

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Alejandro Valiente Lourtau

Hablar a estas alturas del cazadero del Cancho de la Silleta es posible que pueda parecer un poco aventurado, sobre todo cuando existen evidencias arqueológicas de las que parece deducirse que los restos existentes en la sierra de Cañaveral que pueden relacionarse con esa construcción probablemente estuvieron dedicados a otro tipo de prácticas. Pese ello, he preferido titular de esa forma el artículo por su relación directa con el de idéntico título que publiqué hará un año sobre la misma cuestión. Por si alguien no recordara el anterior, en él se narraba la visita que mi hermano Javier y yo hicimos a la construcción que tradicionalmente se venía denominando como cazadero del Cancho de la Silleta, exponiéndose además que, en base a los vestigios que allí se encuentran, se podía deducir que no se trataba de un cazadero, sino de evidencias de un castro o de construcciones defensivas que podía ser datadas, cuando menos, en época romana al haber aparecido una tegula, una teja de ese periodo histórico, que así lo indicaba. La escusa para volver ahora sobre el mismo tema estriba en la publicación, a finales del pasado año, del libro Los orígenes de Lusitania. El I Milenio A.C. en la Alta Extremadura, estudio realizado por la historiadora Ana María Martín Bravo que arroja luz sobre la Edad del Hierro en la provincia de Cáceres y, de paso, sirve para conocer un poco mejor el poblamiento que existía en el término municipal de Cañaveral en ese momento concreto. Sigue leyendo

La leyenda de la bella Marmionda (Portezuelo) relata la triste historia de dos enamorados. Es quizás la primera tragedia donde sus protagonistas mueren por amor, mucho antes que las célebres parejas de Romeo y Julieta o Calixto y Melibea.

Retrocedemos hasta el siglo XI, cuando tras la muerte del caudillo Almanzor fi­naliza la grandeza del Califato de Córdoba y el gran im­perio se des­membra surgiendo multitud de pequeños estados conocidos como los Reinos de Taifas.

Pues bien, en aquellos años y concretamente en el castillo de Portezuelo es donde se recrea esta historia. La fortaleza Portezueleña en aquellos años tenía un Alcaide, que más que por sus éxitos o fracasos bélicos era conocido por su hija, la bella Mar­mionda, una gentil doncella mahometana que era el asombro de todo el reino.

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Por Thales Hernández

Poco me cuesta teclear un ratito, y a cambio lograré que esta historia perdure en el tiempo y que nunca se pierda. Es verídica, la cuento tal y como me la contaron, un poco dramatizada para hacerla más amena. Los nombres de los personajes están cambiados, y no se darán datos de las familias a las que pertenecieron, porque aunque la historia es antigua, y sus protagonistas ya han fallecido, no se pretende en absoluto, molestar a ninguno de sus descendientes, si los hubiere.

Espero que os guste:

La muerte de “El temible”

Corrían los primeros años del SXX, y en Cañaveral moraba un personaje pendenciero y bravucón al que apodaban el Temible. El apodo era bien merecido, pues se trataba de un hombre que despertaba miedo por su arrogancia y agresividad, pero era más temido aún por su destreza en el manejo de la navaja. Ya en bastantes ocasiones, el Temible se había enzarzado en varias peleas con jóvenes del pueblo, y en sus rostros, una larga cicatriz les recordaba que la navaja del Temible estuvo a punto de quitarles la vida.

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Alejandro Valiente Lourtau

Los edificios que más destacan en cualquier pueblo suelen ser aquellos que menos abundan, como iglesias, ermitas o palacios. Curiosamente los que normalmente suelen atraer la atención por su monumentalidad. Pero igualmente es cierto que las redes viarias de esas mismas localidades se encuentra mayoritariamente flanqueadas por otras construcciones normalmente más humildes: las viviendas. En Cañaveral, por suerte, se han conservado algunas casas que remontan la fecha de su construcción tanto a los siglos finales de la Edad Media, (XIII, XIV y XV) como a los de la Edad Moderna (XVI, XVII y XVIII). Las edificaciones que se han preservado del periodo medieval y también algunas de las que perviven de los dos primeros siglos de los tiempos modernos son casas de dimensiones reducidas, cuyas fachadas se organizan con una puerta en la planta baja y una ventana en el primer piso como únicos vanos a través de los que penetra la luz en su interior. Este modelo de casa irá aumentando un poco de tamaño durante los siglos posteriores, ampliándose también el número de vanos que se abren en sus fachadas. No es por lo tanto extraño encontrar viviendas de los siglos XIX y XX que mantienen esa disposición en su fachada. Para esos siglos se trataría ya, indudablemente, de viviendas en las que residía la población con niveles de renta más bajos. No son las únicas viviendas antiguas que se han conservado en Cañaveral y, entre las que también perviven de los siglos XVII a la primera mitad del XX, se encuentran casos cuyos moradores pertenecerían a los sectores mejor situados económicamente, algo que queda patente en las dimensiones de los edificios. Caso aparte sería el del palacio de la calle Real, que quizá perteneciese a la casa de Alba de Liste, que en esos momentos poseía el señorío de Alconétar. Sigue leyendo

Aquella mañana Pablo estaba un poco alterado, era normal cuando “andaba” con teclados o botones, esto de los “mandos” se decía que era para los jóvenes. Y de hecho sentía una sana envidia cuando veía a sus nietos, que no dejaban de ser niños, sentarse en el ordenador y no sólo manejarlo con soltura, sino que escribían en inglés para acceder a ficheros, algo que para él era impensable.

Sabía lo complicado que le resultaba manejar el ordenador, y sobre todo si se salía de la rutina que manejaba; aquella mañana se había sentado para buscar una canción en YouTube, y después de algunas dudas había conseguido encontrarla.

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