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Alejandro Valiente Lourtau

 

En ocasiones, a pesar de su relativa proximidad, el paso del tiempo parece haber hecho mella en ciertos acontecimientos de la historia contemporánea de Cañaveral relegándolos al olvido y difuminando sus imágenes más de lo que en justicia merecen. Uno de ellos es, sin duda alguna, la creación y puesta en marcha del concurso de poesía “Ruta dela Plata”, probablemente el certamen poético más antiguo de Extremadura, que en la actualidad cuenta con unos respaldos tan sólidos y dignos de tenerse en cuenta como son Caja Extremadura,la Institución Cultural“El Brocense” y el Ayuntamiento de Cáceres. Además de presentar una trayectoria ininterrumpida de 25 años celebrándose desde su primera convocatoria, que ha sido la auténtica razón que nos ha movido a acercarnos a sus inicios. Unos inicios que transcurrieron en Cañaveral y de la mano de los hermanos Rafael y Joaquín García-Plata Quirós, gracias a cuya inestimable colaboración hemos podido hacer realidad este artículo. Debemos reconocer que ha sido toda una suerte poder contar con el testimonio de primera mano que nos ofreció Joaquín García-Plata, Presidente-Coordinador del concurso desde sus primeros pasos hasta el momento presente (con quien nos puso en contacto su hermano Rafael), cuyos recuerdos resultan más vivos y, sobre todo, más jugosos que cualquiera de las crónicas periodísticas que regularmente han ido apareciendo en la prensa regional tras la celebración de cada uno de los diferentes certámenes.

Hay que señalar que el inicio del concurso cuenta, por decirlo de alguna forma, con su propia prehistoria, vinculada al Mesón Camino dela Plata, enclavado (hasta no hace muchos años), como es bien conocido por todos los cañaveraliegos, en el Puerto de los Castaños. En el año 1975 Rafael García-Plata y Emilio Boticario se pusieron al frente de este establecimiento, que hasta entonces había regentado Felipe Plasencia Boticario. Como forma de darle publicidad se promovió la “Subida Pedestre al Puerto de los Castaños”, cuya primera edición tuvo lugar el 8 de diciembre de 1976, repitiéndose en cuatro ocasiones más. Sería una vez concluida la carrera inaugural cuando, en la tranquilidad de la barra de madera del mesón, Joaquín propusiera a Rafael apadrinar un certamen literario que llevara por nombre “Premio de Poesía Ruta dela Plata”. Las únicas dudas surgieron ante la disyuntiva de separar o no la poesía escrita en castellano de la que lo fuera en extremeño, que Rafael zanjó proponiendo el establecimiento de dos categorías, una en la que concursarían los que presentaran sus trabajos en lengua castellana y otra para los que lo hicieran en el habla popular extremeña, cada una de ellas dotada con su correspondiente premio de 10.000 pesetas y su diploma acreditativo.

En el párrafo que abría las bases de la convocatoria, recogidas en el cartel de la primera edición del premio, se reseñaban los orígenes del certamen y los principios que lo impulsaban, pudiéndose leer en ellas: “Instituido por el Mesón “Camino dela Plata” del Puerto de los Castaños para promocionar la creación poética en nuestra región como uno de los valores más ricos de su humanización ante el futuro y deseando [el] resurgimiento de su personalidad regional.” En esa primera edición, cuya entrega de premios tuvo lugar, como posiblemente no podía ser de otra forma, en el Mesón Camino dela Platael 30 de abril de 1977, resultó ganador en el apartado de habla popular extremeña Francisco Durán Domínguez, de Casar de Cáceres, con la composición “Miedo Sabroso”. Mientras que en el apartado de lengua castellana obtuvo el premio el poema “Aventura”, escrito por José Moisés Domínguez Guerrero, de Fuentes de León (Badajoz). El jurado que eligió a estos ganadores estuvo compuesto por un elenco de extremeños relacionados con las letras. Lo presidió Miguel Serrano Gutiérrez, abogado y profesor dela EscuelaUniversitariasde Ciencias Empresariales de Cáceres, al que acompañaron como vocales Enrique Romero Ruiz, periodista del diario “Hoy” de Badajoz, Enrique Louzado Moriano, estudioso del hablar popular extremeña, Felipe Muriel Durán, profesor de bachillerato de Lengua y Literatura, y Teófilo González Porras, también como el anterior profesor de Lengua y Literatura en el I. B. “El Brocense”, de Cáceres. Señalar que, a excepción del último de los mencionados, todos los componentes del jurado llevaban su amor por la literatura a la práctica, aventurándose en el difícil arte de escribir poesía.

La segunda edición del concurso trajo aparejados algunos cambios, como fue la variación de su nombre, ya que pasó a denominarse “Concurso de poesía Ruta dela Plata-Premio García-Platade Osma”, en honor al escritor Rafael García-Plata de Osma, abuelo de los fundadores del certamen, cuya vida, aunque nació en 1870 en la población sevillana de Gaudalcanal, transcurrió entre las localidades extremeñas de Alcuéscar y Cáceres. Hay que reseñar que formó parte del grupo de extremeños que descollaron en los campos de las letras, la investigación y las artes cuando comenzaba la pasada centuria, sin negar que algunos de ellos remonten sus inicios creativos a los años finales del siglo XIX. Junto a García-Plata de Osma sobresalieron personalidades tales como Felipe Trigo, María Roso de Luna, Publio Hurtado o Adelardo Covarsí, a los que habría que unir un largo etcétera de nombres en el que puede incluirse el del cañaveraliego Emigdio Plasencia.

La segunda variación tuvo que ver con los miembros del jurado, ya que Teofilo González Porras cedió su puesto de vocal a Jesús Vivas Holgado, al igual que él profesor de Lengua y Literatura en el I. B. “El Brocense”, de Cáceres. Este jurado protagonizaría una de las anécdotas más curiosas del concurso, según nos contó Joaquín García-Plata. Mientras se deliberaba sobre quién resultaría ganador, tenía lugar el partido de fútbol entre las selecciones de España y Austria durante el Mundial de Argentina, de tal modo que los componentes del jurado no sabían si atender más al asunto que les había reunido allí o al desarrollo del encuentro futbolístico. Además, para conocer como discurría el enfrentamiento había que acercarse, cruzando la carretera, hasta el entonces todavía Hotel Puerto de los Castaños. Esa tarea le correspondió en suerte a un periodista que permanecía a la espera del fallo de las deliberaciones del jurado. Varias veces tuvo que atravesar la carretera que separaba los dos establecimientos para traer nuevas sobre el partido, que finalmente se saldó por 2 goles a1 afavor de los austriacos. Menos nervios debieron vivirse el día de la entrega de los premios, que tuvo lugar el 3 de junio de 1978, también en el Mesón Camino dela Plata. Enel apartado de poesía en habla popular extremeña repitió el ganador del año anterior, Francisco Durán Domínguez, con el poema “El milagro”. En cuanto a la modalidad en lengua castellana, resulto seleccionada la obra “Infinitud”, de Luciano Feria Hurtado, de Zafra (Badajoz).

En el libro “Ruta dela Plata, 10 años de poesía en Extremadura. Rafael García-Plata de Osma, su obra”, editado por Rafael García-Plata Quirós en 1986, se recogen algunas fotografías de los actos realizados con motivo de estos certámenes. Un par de ellas muestran escenas de la celebración de la edición inaugural en el comedor del Mesón Camino dela Plata.Enla primera, los miembros del jurado felicitan a uno de los ganadores ante una pancarta que cubre parte de la pared situada a sus espaldas. Delante de ellos se extiende una mesa en forma de T compuesta para la ocasión, sobre la que se suceden porrones de vino, platos invitando a saborear, entre otras menudencias que la vista no llega a desentrañar, inconfundibles tortillas de patatas y cuencos de barro que, suponemos, contendrían callos, orejas, morros o guisos similares. En la otra fotografía se aprecia a los invitados procesionando en busca de un hueco donde poder saborear cómodamente los ricos platillos mencionados. Contempladas después de tantos años, ambas fotografías pueden resultar curiosas, graciosas e, incluso, si se quiere, folclóricas, pero sin duda alguna resumen el buen hacer de los benefactores del concurso, los hermanos Rafael y Joaquín García-Plata, quienes, no contentos con haber costeado de su bolsillo los premios y diplomas que se iban a entregar, agasajaban a ganadores, jurados e invitados con un, estamos seguros, sabroso tentempié, que haría aún más agradable un acto como el que se desarrollaba.

En los años sucesivos, el certamen abandonó Cañaveral e inició un vagabundeo por poblaciones relacionadas conla Rutadela Plata.Así, la tercera edición se entregó en Cáceres, la cuarta en Mérida y la quinta en Plasencia. Por fin en la sexta quedó fijada su residencia oficial en Cáceres, como no podía ser de otra forma, dada la profunda relación de Rafael García-Plata de Osma con esa ciudad, donde ha permanecido hasta la actualidad, afianzándose con el paso de los años hasta convertirse en uno de los concursos literarios más señeros de Extremadura. Es posible que, vista la posterior trascendencia del premio, algunos cañaveraliegos se lamenten de que las entregas de los premios no hayan continuado celebrándose en nuestra localidad, pero personalmente no veo por qué tiene que ser así. Más bien habría que observar los dos años que el certamen se desarrolló en Cañaveral como una oportunidad que se le brindó a nuestro pueblo de entrar en el mundo de las letras extremeñas. Si de algo hay que lamentarse es de que Cañaveral, como tantas otras poblaciones de las geografías nacional y regional no cuente con su propio concurso literario. Por otra parte, las dos ediciones del “Ruta dela Plata” supusieron un enriquecimiento de la propia historia literaria de Cañaveral. Una historia que existe, aunque sea modesta, y, de igual forma que sucedió con esas dos ediciones, tienda a olvidarse, pero que está ahí, comenzando por loas y loeros (en calidad de representantes de nuestra más genuina tradición popular) y continuando con nombres como los deEmigdio Plasencia, Edmundo Costillo Marín, José María Hercilla Trilla y, ya más recientemente, José María García Gutiérrez y Tomás Pavón, evidenciando que, a pesar de que el cultivo de la literatura en Cañaveral sea algo minoritario, quizá como ha ocurrido y ocurre en todos los lugares y en todas las épocas, se mantiene vivo y tiene visos de seguir adelante.

 

(“Cañaveral Informativo”, septiembre, 2002)

 

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