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Alejandro Valiente Lourtau

La Universidad de Salamanca editó en 1971 Iter ab Emerita Asturicam (La Calzada de la Plata), obra que todavía hoy sigue siendo un referente para el estudio de la Vía de la Plata. La publicación recoge la tesis doctoral elaborada por el profesor José Manuel Roldán Hervás sobre el camino romano (o caminos, ya que realmente surgía de la unión de dos) que conectaba las actuales ciudades de Mérida y Astorga, las antiguas Emérita Augusta y Astúrica Augusta, respectivamente. Este libro debió recalar en mi casa algunos años después de su publicación, cuando yo iniciaba la adolescencia. No creo que fuese antes porque recuerdo a mi padre mostrándomelo y, a renglón seguido, a mí mismo ojeándolo con enorme satisfacción, detalles que difícilmente podrían haberse producido en 1971, cuando yo contaba con apenas tres años. Lo que sí es seguro es que el ejemplar que llegó a mis manos lo trajo de Salamanca un amigo de mi padre, Filiberto Carrero Cachapa. En aquella época, inicios de los años ochenta del pasado siglo, si mis imprecisos recuerdos son correctos, apenas existían trabajos históricos que incluyeran a Cañaveral, y mucho menos que convirtieran la localidad en centro de su interés. Por ello, acogí como una enorme suerte contar con un estudio que dedicaba varias de sus páginas al discurrir de la Vía de la Plata por el término municipal cañaveraliego.

Hay que indicar que Iter ab Emerita Asturicam (La Calzada de la Plata) no es precisamente un libro de lectura fácil. Concebido como una obra científica que abarca todos los aspectos relacionados con la Vía de la Plata: fuentes, paleografía, recorrido, historia, la lectura de algunos de sus capítulos no resulta sencilla para los profanos en la materia. Por si no fuera suficiente, en el capítulo que aborda el recorrido de la calzada, las páginas que se referían a su paso por el término municipal de Cañaveral fueron mal maquetadas, rompiendo el correcto discurrir de su numeración. Debido a ese error, para seguir el texto, se hace necesario ir hacia adelante o hacia atrás en el libro. Aún así, mereció la pena el esfuerzo, aunque solo fuese por ver en letra impresa el sinuoso trazado de la calzada serpenteando por los cerros cañaveraliegos y su ascenso hacia el puerto de los Castaños; o por recabar noticias acerca de la mansio (el puesto de postas) de Túrmulus, posiblemente situada en el mismo emplazamiento en el que en siglos posteriores se alzaría el castillo de Alconétar o en sus cercanías; o por tener noticias sobre los puentes que cruzaban los ríos Almonte y Tajo en Alconétar, el primero ya desaparecido y el segundo trasladado a un nuevo emplazamiento en la cola del pantano de Alcántara, introduciendo uno de sus extremos en tierras cañaveraliegas.

Evidentemente, como podría esperarse, en el transcurso de los años mi acercamiento al discurrir de la Vía de la Plata por Cañaveral no se ha quedado en algo meramente libresco, si no que en más de una ocasión he seguido a pie o en coche alguno de sus tramos. Nunca podré olvidar la ocasión en que mi padre nos llevó a mi hermano Javier y a mí desde Cañaveral hasta el río Tajo por la calzada, con parada incluida para disfrutar del miliario -el hito kilométrico que diríamos hoy, aunque por entonces en lugar de kilómetros la medida de distancia era la milla- que aún se mantiene en pie no mucho antes del encuentro de la vía con la carretera N-630 a la altura del antiguo restaurante Miraltajo. O cuando, años más tarde, cubrí el mismo tramo acompañado por Guillermo Santos Portero en lo que recuerdo a algo semejante a un infierno de polvo y calor por causa del coche sin aire acondicionado en el que marchábamos y las altas temperaturas que ya se notaban la tarde de finales de primavera que elegimos para efectuar el recorrido.

De todas formas, pese a los buenos recuerdos que me proporcionan esos momentos del pasado que menciono, mi aproximación a la Vía de la Plata siempre se había producido desde la situación de espectador. Plantearme investigar algún aspecto del camino romano era algo que contemplaba como un tanto problemático, y no precisamente por falta de interés, sino por tratarse de un campo alejado de los temas históricos sobre los que normalmente había indagado. Quizá por ello, cuando tuve la suerte de toparme con un hallazgo interesante, preferí cedérselo a alguno de los compañeros de la carrera que se había especializado en historia de la Edad Antigua. El hallazgo al que me refiero es el que me dio a conocer Fermín Serrano Lucas, si mis recuerdos son correctos, allá por 2003, un miliario que permanecía inédito. Hasta ese momento el miliario había sido destinado a servir como abrevadero en una cuadra de la calle Real que acababa de ser derribada. Por suerte, gracias a la intervención de Fermín Serrano, la enorme pieza circular de granito no había terminado arrojada a una escombrera privando a los historiadores, quizá para siempre, de la información que contenía.

Pese a que el descubrimiento de un miliario siempre me ha parecido una suerte para cualquier investigador, mis buenas intenciones no tuvieron éxito. Por ello el miliario mantuvo su condición de inédito hasta 2013. En ese año las Jornadas de Historia de Fuente de Cantos dedicaron su XIV edición a la Vía de la Plata. Animados por esa circunstancia, mi mujer, María de Rosario Castro Castillo, y yo nos decimos a redactar una comunicación sobre el nuevo miliario cañaveraliego, No era una tarea sencilla, ya que ninguno de los dos habíamos cursado la especialidad de Historia Antigua en la carrera y ambos teníamos nuestros conocimientos de epigrafía –la ciencia auxiliar que se dedicada al estudio de las inscripciones en piedra- latina bastante enmohecidos. A ello debemos unir que el miliario se encontraba partido en su parte inferior y, además, había sido retallado para utilizarlo como abrevadero, viéndose afectada la parte central de la inscripción que contiene. Es en los textos tallados que los ornaban donde los miliarios mostraban el nombre del emperador que hubiera ordenado erigirlo. Por lo que respecta a la inscripción del que comento, únicamente se han preservado los comienzos y los finales de las líneas que la conformaban. A ello hay que sumar la falta de las líneas finales del texto, que tampoco se han conservado, provocando con ello la pérdida del numeral que indicaría la milla concreta de la Vía de la Plata para la que el miliario fue realizado.

A las circunstancias referidas se añadía que el miliario había sido erigido durante el gobierno de Domiciano, un emperador que sufrió lo que se denomina una damnatio memoriae, una condena a la memoria o, dicho de otra forma, un intento por parte de sus inmediatos sucesores de borrar cualquier huella de sus obras. Por esta causa, los posibles ejemplos existentes con los que podíamos comparar el nuevo miliario se mostraron tan escasos que prácticamente quedaron reducidos a uno solo, el CIIII, que se conserva en el término municipal de Valdeobispo, localidad enclavada al norte de Plasencia.

Pese a todo, finalmente presentamos a las referidas jornadas de Fuente de Cantos, que se celebraron el 9 de noviembre de 2013, una comunicación bajo el título: “Un nuevo miliario inédito de Domiciano perteneciente a la Calzada de la Plata”, en la que dábamos a conocer el miliario, reconstruíamos el texto que debió tener en las líneas que se habían conservado y datábamos de la forma más ajustada posible el momento de su erección. El texto que se ha preservado, con el enorme hueco en medio que creo el abrevadero, sería el siguiente:

IMP C              IVI
VESPA                F
DOM                   S
AVGV              NIC
PONT               RIB
POTES             MP
XIIII C             ER
¿PET?V¿C?         ¿III? VI

Que nosotros reconstruimos de la siguiente manera: Imp(erator) C[ae](sar) [D]ivi / Vespa[siani] F(ilius) / Dom[itianu]s / Avgv(stus) [Germa]nic(us) / Pont[if](ex) [Max](imus) [T]rib(unicia) / Potes[t](ate) … [P](ater) [P](atriae) [I]mp(erator) / XIIII C[enso](r) [P]er/petv(vs) C[o](n)[s](ul) ..III Vi(as) …

Traduciéndolo de la siguiente forma: El emperador César Domiciano Augusto Germánico, hijo del divino Vespasiano, Pontifex Maximo, en su … tribunicia potestad, Padre de la Patria, en su décimo cuarta aclamación imperial, Censor Perpetuo, en su … consulado, la vía…

Sobre el momento de la erección del miliario, interpretando los datos que muestra su inscripción, concluíamos que debió producirse en los años 87 u 88, no descartando que realmente hubiese tenido lugar en el segundo de los mencionados, pero sin poderlo asegurar con rotundidad como consecuencia de las lagunas existentes en el texto. La comunicación “Un nuevo miliario inédito de Domiciano perteneciente a la Calzada de la Plata” se incluyó en las Actas de la XIV jornadas de historia de Fuente de Cantos: la Vía de la Plata y otros estudios sobre Extremadura, que fueron editadas en 2014 por la Asociación Cultural Lucerna, siendo la responsable de su impresión la Diputación de Badajoz. Esta publicación puede ser consultada tanto en papel como digitalmente.

Aunque el miliario de Domiciano es el último que ha aparecido en el término de Cañaveral, no es el único que tiene relación con la localidad. En 1980 había sido localizado otro en una charca existente en La Zahurda, paraje situado aproximadamente a un kilómetro de Grimaldo. Sus descubridores, Jaime Río-Miranda Alcón y María Gabriela Iglesias Domínguez, lo dieron a conocer en un artículo titulado “Nuevas aportaciones a la epigrafía y arqueología de Cáceres”, que se publicó en 2005 en la Revista Cultural Ahigal. En él mencionan que el miliario habría sido erigido en época de Constancio II, emperador que gobernó entre los años 337 y 361. Tallado en una pieza de granito rojizo, su texto sería el siguiente:

R\ IVL
COSTAN
TIOTRIVM
P AT OR.M
ENPER. A
GVS
BRPN

Sus descubridores transcribieron el texto de la siguiente forma: [Caesa]r Iul(io)/ Co(n)stan/tio Trium/p(h)ator. M[ax(ximo)]/ [S]enper. A(u)gus(to)/ B(ono) R(es) P(ublica) N(ato)

Traduciéndolo de la siguiente manera: Cesar (Flavio) Julio Constancio II. Triunfador Máximo, siempre Augusto. Por mutuo acuerdo de la res pública.

Probablemente se trate del mismo miliario que acabamos de mencionar el que se recoge en la “Orden de 19 de noviembre de 1997, de la Consejería de Cultura y Patrimonio, por la que se determina incoar expediente para la declaración de la Vía de la Plata, a su paso por la Comunidad Autónoma de Extremadura, como bien de interés cultural con categoría de sitio histórico y se concreta su delimitación”, que se publicó en el Boletín Oficial de Extremadura, BOE, número 23, de 27 de enero de 1998”. En la referida Orden se dice literalmente que: “En La Zahurda localizada en la Dehesa Boyal (39o 50′ N-6o 22′ W) en el ángulo superior izquierdo del término de Cañaveral y alejada del trayecto de la calzada, apareció un miliario ilegible procedente del entorno de la vía. Actualmente se encuentra en paradero desconocido.”

Existe, además de los dos mencionados, un tercer miliario relacionado con Cañaveral. Este miliario, que se habría erigido en época del emperador Septimio Severo, quien gobernó entre los años 193 y 211, se encuentra en la actualidad desaparecido. Sin que sepamos la razón, en las recopilaciones de antigüedades que se efectuaron en la Edad Moderna este miliario aparece relacionado con Mérida. Hasta donde conocemos, fue la doctora Carmen Puerta Torres quien lo vinculó con Cañaveral, suponemos que basándose en su numeral, el LXXII, que, a diferencia de lo que ocurría con los otros dos miliarios cañaveraliegos, en esta ocasión sí se ha conservado. La doctora Puerta Torres es la autora de otra de esas obras fundamentales para conocer el Camino de la Plata: Los miliarios de la Vía de la Plata, su tesis doctoral, que leyó en Madrid en 1995. Curiosamente, pese a ser una investigación de obligada consulta para los estudiosos de la Calzada de la Plata, nunca ha sido editada. Por suerte, en la actualidad Internet ha convertido en sencilla su consulta. En Los miliarios de la Vía de la Plata se apunta que el miliario LXXII se habría encontrado situado en el cerro de la Pita, una elevación enclavada en el término municipal de Cañaveral, al sur de su núcleo urbano. El texto que contendría sería el siguiente:

IMP.CAES.DIVI.M.ANTON
PII.GERM.SARM.F.DIVI
COMMODI.FRAT.DIVI.ANTON
PII.NEP.DIVI.HADRIANI
PRONEP.DIVI.TRAIANI.PARTH
ABNEP.DIVI.NERVAE.ADNEP
L.SEPTIMIVS.SEVERVS.PERTI
NAX.AVG.ARAB.ADIABEN
PARTH.MAX.PONT.MAX
TRIB.POT.VIII.IMP.XI.COS.IIII
PROC.ITER.RESTITVIT
LXXII

Que podría trascribirse de la siguiente manera: Imp(erator) Caes(ar) divi M(arci) Anton(ini) / Pii Germ(anici) Sarm(atici) f(ilius) divi / Commodi frat(er) divi Anton(ini) / Pii nep(os) divi Hadriani / pronep(os) divi Traiani Parth(ici) / abnep(os) divi Nervae adnep(os) / L(ucius) Septimius Severus Perti/nax Aug(ustus) Arab(icus) Adiaben(icus) / Parth(icus) max(imus) pont(ifex) max(imus) / trib(unicia) pot(estate) VIII imp(erator) XI co(n)s(ul) IIII / proc(onsul) iter(um) restituit / LXXII

Esta inscripción fue traducida por Ricardo Hurtado de San Antonio en su Corpus provincial de inscripciones latinas de Cáceres, de 1977, de la siguiente forma: El Emperador César, hijo del divino Marco Antonio Pio, Germánico, Sarmático; hermano del divino Cómmodo; nieto del divino Antonino Pío; biznieto del divino Adriano; tataranieto del divino Trajano, Partico; retataranieto del divino Nerva; Lucio Septimio Severo, Pertinax, Augusto, Arábico, Adibénico, Pártico, Máximo, Pontifex Máximo, en su 8ª Tribunicia Potestad, en su 11ª proclamación imperial, en su 4º Consulado, Proconsul. El camino reparó. Miliario 72.

Es de lamentar que sean tan escasos los miliarios de la Vía de la Plata que han aparecido en el término municipal de Cañaveral. La realidad es que la localidad se encuentra en uno de los tramos de la calzada que más cicatero se ha mostrado a la hora de revelar hallazgos de este tipo de hitos. Pese a ello, no puede descartarse que se conserven otros ejemplares aparte de los tres aquí incluidos y que, en años venideros, nuevos descubrimientos amplíen el número de miliarios de la Vía de la Plata relacionados con Cañaveral.

Mérida, abril de 2015

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