Noticias cercanas

CAÑAVERAL MACABRO III

No quiero que la historia que os voy a contar caiga en el oscuro y frío olvido, el padre de mi abuelo se la contó a mi abuelo, mi abuelo a mi padre y mi padre a mí. Es una historia que se desarrolla durante una Semana Santa, así que viene que ni pintada. Se trata de una historia real que me he permitido dramatizar ligeramente. Espero que os guste.

“Un soplido de Dios”

Nuestro pueblo cuenta con parte de un vía crucis formado por una serie de cruces de granito, algunas levantadas sobre una peana en la que se puede leer una inscripción que hace referencia a la pasión de Cristo. Hoy se conservan cruces visibles (aunque algunas ya han sido sustituidas por otras nuevas) en El Llano, el Barrio del Viento, Atrio, Calvario … Otras están prácticamente ocultas, encastradas en las paredes de algunas casas de la calle Alfarería, sólo se pude ver parte de la base con la inscripción.

Nuestra historia sucedió una primavera, hacia finales del S XIX; por aquel entonces era tradición que cada Jueves Santo se celebrara un vía crucis por parte de los penitentes que quisieran realizarlo. Bajo promesa, los penitentes cubrían sus rostros y caminaban siguiendo cada una de las cruces. Era normal que en aquel entonces, con un Cañaveral de noches oscuras, los penitentes fueran guiados, siempre en silencio absoluto, por un acompañante que no estaba relacionado con ellos, pues así los penitentes no serían identificados como familiares del acompañante; los acompañantes esperaban a la salida de la Iglesia y, con un farol en la mano,acompañaban al primer penitente que salía por la puerta, de este modo las parejas se formaban al azar.

María contaba por aquel entonces con 20 años, era una joven muy religiosa, y precisamente su fe, es la que la llevaba a acompañar a un penitente cada Jueves Santo. Aquella noche, María se acercó con su farol a la puerta de la Iglesia, iba a acompañar al último penitente que salía.

De entre la penumbra asomó una figura, por su corpulencia debía ser un hombre, vestía una casaca oscura que casi no le dejaba ver los pies, y una gran capucha negra que caía por sus hombros tapando incuso su cintura; caminaba lento y firme. María miró hacia la cara de aquel ente intentando encontrar algo humano en él; en los agujeros de la capucha apenas pudo ver unos ojos, o quizá quiso imaginarlos, pues con ojos aquel ser al menos sería humano. No hace falta explicar que María no se sintió a gusto, había algo maligno en aquella persona, pero … “Tal vez sólo fueran imaginaciones, además quedaría como una niña si digo que no acompaño a esta persona porque me da miedo”, pensó María.

María comenzó a caminar y el penitente la siguió, ambos tras salir de la Iglesia y pasar por la cruz del Atrio, se dirigieron a la cruz de “El Llano”. Había una distancia prudencial entre cada penitente, para que no se molestaran durante el trayecto, en un principio esa distancia tranquilizó a María, pero poco a poco, a medida que se adentraban en la oscuridad, y casi no podía ver el farol del acompañante que caminaba junto al penitente que iba delante, la distancia le iba pareciendo enorme.

La noche era oscura, la luna aún no había salido, la temperatura era suave, no corría el viento, sólo se oían de fondo los grillos,y el canto lejano de alguna rana desde el arroyo que sale de la Zagancha; entre el sonido de fondo, María escuchaba los pasos del penitente, sonaban más fuerte que los suyos, y la respiración, esa respiración tan fuerte que a María le parecía un sonido amenazador, cada vez más amenazador. Había algo en aquel penitente, y no era algo bueno. De pronto María giró la cabeza hacia atrás, sin saber muy bien por qué, en ese momento, en la calma de la noche, un repentino soplo de viento levantó la parte de abajo de la capucha del penitente, y María, a la luz de su farol, pudo ver un gran cuchillo sujeto la cintura de aquel ser. Un escalofrío recorrió la espalda de María, inmediatamente comenzó a correr, -¡Socorro!, ¡Socorro!- María no miraba hacia atrás, sólo corría hacia delante, por fin pudo ver a lo lejos el farol del acompañante y penitente que iban delante, estos había oído los gritos, ya estaban casi en el pueblo, se acercaron a María, y la acompañaron hasta la plaza, allí se formó un gran revuelo, nadie daba crédito a lo que oía, aquella muchacha totalmente fuera de sí, llorando, posiblemente el miedo hizo que viera lo que no fue; y un pobre penitente se ha quedado a oscuras en mitad de El Llano, habrá que ir a buscarlo.

Pronto varias personas salieron a buscar al penitente, pues al cerrar la procesión, ya no podría encontrarlo nadie que viniera detrás, pero la sorpresa de aquellas personas fue mayúscula, cuando al ir a buscar al penitente, este nunca apareció. Nunca se supo la identidad de aquella persona, y nunca se conocieron sus malévolas intenciones.

Para María, una muchacha de mucha fe, aquella fue la noche en la que Dios sopló la capucha de aquel penitente, y así pudo salvar la vida.

FIN

Partners
Siguienos


Siguenos:




Teléfonos de Interés.
Teléfonos de Interés de Cañaveral...
  • _________________
  • Policía Local : 680 404 120
  • Centro Médico : 927 185 124
  • _________________
  • Ayuntamiento : 927 300 006
  • Cruz Roja : 687 568 757
  • Protección Civil : 652 390 161
  • Renfe : 927 300 045
  • Mancomunidad : 927 300 400
  • Ademe : 927300370
  • Emergencias :112
  • Guardia Civi : 062
  • Contra el maltrato: 016
Archivos